Como puedo subir una foto de mi computador al blog?
Amiga,
Hoy, estoy escribiendo especialmente para ti. He acompañado tus últimos días, y me ha preocupado la tristeza y la callada revuelta que encontré en tu mirar.
No me pasaron por alto tus preocupaciones y tus miedos y, a pesar de haberme colocado a tu lado, y abrir mis brazos para confortarte, has pasado de largo, sin abrir tu corazón.
He intentado mostrarte lo maravillosa que podría ser tu vida, lo importante de las señales y por sobre todo de lo bueno de este tiempo que te han dado para vivir. La vida te ha entregado dos oportunidades para el arrepentimiento, te está dando la chance de confirmar la persona que eres ante ti. Esa persona buena, cariñosa, generosa, agradecida de la vida, inteligente y valiente; podría seguir pero no terminaría…
Me gustaría que te vieras en lo más profundo de tu alma reflejada y descubrir en ella lo que de verdad sientes, no lo que te ha hecho tomar una decisión tan áspera y potente; si no que a la verdadera a la que lucha por un ideal de justicia.
Dejarías que tu amiga tomara una decisión de esa naturaleza? correría libre por la vida con la mirada en alto? Sería capaz ella mirar a los ojos a las personas y mostrar su esencia? Levantar en sus brazos a un niño para mostrarle el mar?
Que va a ser de ti cuando te enfrentes a ti misma en un espejo y recuerdes lo que has hecho? Por más que maquilles tu cara, te pintes el alma, no esconderás tu pena, no podrás esconder quien eres…
Me gustaría ayudarte a encontrarte, que te sintieras fuerte para luchar con lo que se vendría, pero se que no existen palabras que te hagan cambiar de parecer, y a pesar de todo estoy contigo
...Cesante, cesante, cesante, esa negra palabra da vueltas en la cabeza de Juan atormentándole cada mañana. No es que se encuentre en esa situación, pero a diario, más personas de su compañía le envían ese cariñoso mail de despedida, el que dice los respectivos agradecimientos y que fue un agrado trabajar con él. No cree que sean sinceras esas palabras, es más, piensa que las personas que lo hacen, tienen la clara intención de quedar como víctimas de la compañía. El cree que no haría nada de eso, y que se iría sin decir ni siquiera adiós, se imagina caminando cabizbajo por los enormes y fríos corredores de la compañía, con una pequeña caja de simples pero muy apetecidos efectos personales, esos que decoraban y mantenían a Juan con un pie en su casa mientras trabajaba. Según fuentes de la compañía, específicamente de recursos humanos, esas simples y motivadoras fotografías, sólo impedían el efectivo trabajo de los empleados. La idea era optimizar espacio y tiempo, tener módulos que no den cabida al ocio. Juan seguía caminando con ellos mientras un fuerte grito de ¡¡¡DESPIEEEEERTA!!!, te quedaste dormido, no vas a llegar, y ahora que están echando gente, no puedes darle el gusto a la compañía....
Juan, entre gotas de sudor, sábanas húmedas y gritos, salta de la cama y corre a la ducha, no espera a que salga caliente el agua, se mete, se moja, se jabona, se sigue mojando y cuando ya está saliendo el agua tibia se sale, se seca tan rápido que los calcetines que se pone los siente mojados. Se lava los dientes, pierde las llaves del auto, aún no encuentra su maletín, los niños le gritan que se apure que están atrasados, los tiene que llevar, la mujer le tiene listo un café que no se toma, corre aquí, corre allá. En diez minutos están todos en el auto camino al colegio.
...Cesante, cesante, cesante, aún piensa en ello, ojalá que no me toque a mi, aún alcanzo a llegar a la hora y no dar ninguna razón o causal de despido, no me puedo dar el lujo de quedar sin un sueldo que pague las vacaciones que nos dimos con la gorda a Brasil, el colegio de los niños, la comida, el dividendo, etc. No, no puedo, mi jefe tiene que entender que una reducción en nuestra sección no le conviene a la compañía. Debería hacer una propuesta de estructuración, eso, eso voy a hacer llegando a la oficina. Besos niños, estudien harto, pórtense bien, y tu cuida a tu hermano más chico en el recreo, los quiero mucho. Chao.
08:40 am. se abren las puertas y aparece ese color naranja por todos lados, se dibuja una sonrisa en la cara de Juan que saluda muy cordialmente a Lupe, la secretaria de gerencia, y le pregunta si ha llegado el jefe. Ella le responde que si, hace un rato. Juan le pide un café y la agenda del día.
08:45 am. Hola Pedro, madrugaste hoy que llegaste tan temprano, me ganaste. ¿Cómo te fue en la reunión de ayer con el Boss? ¿Muchos sobres azules?, no me des malas noticias porque estoy trabajando una idea para que el recorte de personal no sea tan masivo y de paso no nos toque a nosotros. Si me das la mañana, a la hora de almuerzo te puedo tener una maqueta de lo que podríamos hacer.
09:53 am. Oye Juan, mira tengo que contarte cosas super importantes, y quiero que no lo tomes a mal, y que no pude hacer nada por ayudarte...
En un segundo la mirada de Juan se perdió en el espacio, se paró del sillón de cuero que se encontraba frente a un gran ventanal, trató de respirar aire, pero sintió que se ahogaba, se tocó la frente, luego el pecho intentó sostenerse de algo imaginario y se tumbó al piso. Su nariz reventó con el impacto y la sangre saltó hacia los lados y manchando su cara, sentía un líquido tibio que lo calmó un poco, pero no sabía que era. Las manos de Pedro, mientras oía Juan, Juan despierta, lo dieron vuelta, el se repetía a sí mismo que tonteras dice Pedro si estoy despierto; Lupe, llama a la ambulancia, al 911, a la clínica, help, no sé, apúrate, Juan responde, vuelve, ¿estás ahí?, que pasa... Lupe apúrate.
Pedro sentado en su sillón, prende un cigarro, gira con el sillón para ambos lados, consternado, con un millón de problemas en la cabeza y con ninguno, todo parece un sueño, como que no pasó, pero en realidad está buscando las palabras adecuadas para hablar con Rafaella, la señora de Juan. Levanta el auricular y lo suelta, marca y se equivoca, después de inhalar casi hasta el filtro, apaga el cigarro y llama. Aló, se escucha por el otro lado, Rafa, eres tu?, si, con quién hablo? Soy yo, Pedro, como estás,- bien, le responde Rafaella, extrañada por la llamada y tan temprano, y al cabo de terminar ese pensamiento, con un cambio abrupto de tono le pregunta que le pasó a Juan. Pedro en un estado introspección le responde que tuvo una caída y que se lo llevaron de urgencia a la clínica alemana, y que el va para allá si quiere que la pase a buscar para que no maneje. Ella casi sin entender le dice que no se preocupe y que se ven allá. Rafaella mantuvo la calma, y de forma muy eficiente llamó a los suegros, a su mamá para que fuera a buscar a los niños, organizó todo en minutos. El tiempo tan relativo y sin misericordia pasaba rápidamente. Nunca quiso pensar de manera fatal, sólo reaccionaba frente al hecho. Tomó el auto, salió y en medio del tráfico sus lágrimas empezaron a delatar la preocupación, angustia, miedo, amor, pena, soledad que sentía, golpeó el manubrio, los cambios eran bruscos y sus venas se engrosaban levantándose en la piel, mostrando una furia interior, como volcanes queriendo explotar en un mismo instante.
En el mesón de la clínica una impecable señora de blanco, con una calma de santa contestaba el teléfono, cuando Rafaella pregunta por el señor Juan Montiglio, entró de urgencia hace una media hora. Señora, le estoy hablando, Juan Montiglio, como lo ubico; la impecable señora con el mínimo interés la mira y no le responde. Rafaella pierde la cordura y le comienza a gritar que si su marido muere sin ella antes verlo va a hacer que la despidan y no encontrará trabajo nunca más porque ella se va a encargar de que así sea. De mala manera y con un poco de arrogancia en el gesto la impecable santa del mesón le responde donde ubicar a los recientemente ingresados. En un rápido giro Rafaella empieza el tortuoso camino a una verdad, que si bien es cierto durante ese tiempo todo son conjeturas siempre hay esperanzas de estar equivocado, ahora, la verdad se impondría y las esperanzas podrían estar a flor del corazón de esta pobre mujer, como así también la rabia con el Dios que gobierna en su creencia. Todo puede ser se decía así misma, y avanzaba por el pasillo. Una gélida brisa rozó su rostro, y un susurro en el oído, su cuerpo se erizó frente a ello, la paralizó, miedo a lo desconocido y ahí estaba su presentimiento. Miro el suelo, sintió algo, se dio vuelta, caminó un paso y volvió a parar, se giró rápidamente tratando de darle una sorpresa a lo que fuere que estaba ahí, pero no había nada, de repente aparece Pedro que le levanta el brazo con un gesto de que espere. El la besa y le da un abrazo, y le pregunta si ya lo vio y que sabe. Nada, le responde, está en la 203 le dice Pedro. Aha, y caminaron en silencio. Está en la 203 pensaba Rafaella, menos mal, eso significa que aún está acá, gracias Dios y miraba al cielo. No le puedo decir que lo estaba despidiendo, no le puedo decir, se va a morir ella también, o capaz que me eche la culpa, pero no es culpa mía, lo que hubiésemos estado hablando habría pasado lo mismo, o ¿no?
La puerta estaba junta, y no se escuchaba nada de adentro. Ambos se miraron y Rafaella empujó suavemente, su cuerpo fue entrando por partes de manera cadenciosa y temerosa, cuando por fin abre los ojos ve a su marido, conectado a una manguera que salía de su nariz, dos bolsas de suero circulaban por el catéter y entraban a su cuerpo por la vena de la mano derecha, unos chupones del pecho conectados a otra máquina que obviamente medía el ritmo del corazón, tenía distintos números y por más que se esforzaba, Rafaella no sabía si esos números estaban dentro de lo normal. El Doctor apareció por detrás de Pedro y se presentó. Buenos días, o mejor dicho no tan buenos dijo Rafaella, doctor me podría explicar que le pasó a mi marido? ¿qué hay que hacer? ¿está bien?. El doctor la miró, le pidió que se sentara y empezó con la charla médica, con un vocabulario inexistente en el del ser humano que no sabe de medicina, para terminar diciendo que su marido Juan había sufrido un infarto cerebral fulminante que impidió el ritmo de bombeo adecuado del corazón generándole una inminente muerte cerebral; terminó diciendo lo lamento.
La vista se le nubló, Rafaella no podía hablar, ni gritar, su cuerpo se resintió, un vacío en el estómago la chupó, las palabras del doctor hacían eco en su mente, y no lo podía creer. Esto no está pasando le dijo a Pedro, quien atónito al lado no hablaba, no se movía, ni reaccionaba, no sabía que hacer ni que decir. No creía que un Ingeniero joven de 45 años, con un MBA en USA, Gerente de Operaciones de una gran compañía de seguros, una hermosa familia, nunca cometió un acto del que se avergonzara, eran amigos de años, siempre correcto y solidario, podría acabar así, ¿qué pasó? Rafaella, en un instante de lucidez se acercó a su marido y le pidió que no la dejara, se lo suplicó al oído diciéndole en voz baja pero con fuerza LUCHA, eres un león, pelea por ti allá donde estés que nosotros acá vamos a hacer hasta lo imposible. Cuenta conmigo y tus hijos, te estamos esperando. Lo miró a los ojos, y la mirada perdida de él le habló, sintió que le pedía ayuda, Rafaella en ese instante le devolvió a su cuerpo el alma, y comenzó la pelea. Primero que nada se hizo una reunión, se presentó el caso a los mejores médicos de la clínica y mientras ellos a través de exámenes, estudios, realizaban o buscaban el mejor tratamiento; Rafaella buscaba en la compañía de seguros la respectiva ayuda. El contrato de Juan contemplaba un seguro de vida, con muerte e invalidez accidental, y beneficios médicos para él y su familia. En la tarde la respuesta de los médicos fue tajante y sin esperanzas, sólo hay que intentar dejar que Juan respire solo, sin la máquina, si no es así estamos hablando ya de realizar una posible eutanacia, le explicó el doctor Braun. Rafaella en su intento por recuperar y traer de vuelta a su marido pide que lo desconecten, confía en él. Los días pasaban y no habían reacciones que firmaran un pagaré a Dios, la esperanza es gratis, pero Rafaella estaba dispuesta a deberle la vida a Dios por su marido.
Los problemas empezaron cuando en la compañía dijeron que Juan ya no trabajaba ahí, que no eran aplicable los respectivos seguros, ni beneficios, incluso dijeron que ya lo había firmado. Pedro nunca más se acercó a Rafaella y nunca le contestó las insistentes llamadas que ella en su delirio le hacía, trataba de entender que estaba pasando en la empresa, pero nada. No se dejó vencer, buscó testigos, papeles, investigó en la oficina, el computador de su marido estaba con clave, pero ella la sabía, siempre Juan confió en su mujer, ella era su caja de seguridad, todo lo que él sabía ella era el respaldo. En un canto desesperado del alma de Rafaella a nuestro Señor, y de largas cadenas de oración durante casi un año, el servicio de inspección del trabajo resolvió que Juan nunca firmó la renuncia, y que la compañía debía entregar todos los beneficios que el famoso contrato estipulaba. Como todos los días Rafaella iba a visitar a su marido a la clínica, a veces como hoy se acostaba con él en la cama, lo abrazaba y le contaba de su pelea con la compañía, de los niños en el colegio, de cómo lo echaban de menos y que esa noche se quedaría con él, porque su mamá cuidaría de sus dos retoños.
Juan, como trabajaba en una compañía de seguros se había encargado de dejar todo bien organizado, siempre tuvo inversiones y a pesar que su contrato tenía un suculento seguro de vida, el lo había complementado con otros particulares. Rafaella siempre pensaba que eran una tontera, plata perdida le decía a su León, pero recién esa noche, después de un año, le agradeció tanta previsión, su calidad de vida nunca empeoró y pudo dedicarse por completo a la pelea diaria con la empresa. Los niños siguieron en el colegio, y mientras, tenían para pagar tranquilamente los costos de la clínica. Juan, gracias por todo el amor que te preocupaste de dejar, ese interés por nosotros que te motivó a realizar las cosas como siempre me dijiste, menos mal que no me oíste, pero ahora te pido y te ruego que por tu tranquilidad, por ti, si te quieres ir déjanos, todos te amamos demasiado como para verte en este estado y nos interesa tu bienestar, pero si no te vas, vuelve con todo a conquistar lo que crees te faltó. Te amo mucho. Así terminó Rafaella la conversación con su marido, cerró los ojos y se durmió.
06:00 am. La enfermera de turno entró a la habitación, puso la manga en el brazo del paciente y dejó que la máquina de la presión hiciera lo suyo. Buscó el termómetro, cuando vio que los ojos la miraban y la seguían, que hora es preguntó y la enfermera en una reacción llamó al médico de turno, y a otras enfermeras. Rafaella que estaba al lado no despertó, es más, su cuerpo yacía aún tibio pero sin pulso; se fue durmiendo dijo la enfermera. Juan aún no sabe que pasó, dónde está y porque, solo sabe que despertó con su mujer muerta a su lado y no en su casa.
Donde yo vivo es medio raro, las personas salen de noche. Yo vivo con unos familiares que no conozco, pero no me dejan salir; dicen que soy muy chica. A veces me arranco y veo como el frío no impide que los otros jueguen al fútbol, y después se vayan cada uno para su pieza. Es aburrido, porque cuando vienen a visitarme, mis parientes no me dejan salir, a veces pienso que hice algo malo y que estoy castigada, pero mi mamá no está, así que, no puedo saber...
No Nata
Patio 102, sector T
Cementerio General
Si mis ojos no lo hubiesen visto no lo creería, nieve, nieve en el norte...muchas son las rarezas que ese viaje me iba a presentar.
Lamentos y suspiros flotan en el aire, y yo ahí sentada en las alturas del monte con nieve a mi alrededor, las percibo. Mi cuerpo se erizaba frente a cada sensación que me desafíaba. Sentía y percibía esa magia de lo incierto, y el miedo se apoderaba de mi mente.
El lago estaba congelado y la nieve cubría las cuerdas del muelle.
Escuché un grito, que más bien parecía un alarido, intenso y con mucho dolor, son las cuatro de la mañana, y no quiero abrir los ojos. No había ni una sola casa a kilómetros a la redonda.
Amanece temprano y el sol radiante invadíó todas las ventanas de la cabaña, me empapo de él, pero a pesar de ello, dentro de mí existía una habitación pequeña, húmeda y lúgubre, que guardaba todas aquellas lamentaciones muertas que flotan en el ambiente. En ocasiones esta habitación se conviertía en cárcel y a pesar de que la mayoría de los mortales cree que se trata de una pena voluntaria, quienes la sufren no encuentran parche para la herida de corte superficial que sangra cada vez más haciéndose más profunda y honda.
Sólo algunas almas con don de gracia han conseguido acercarse al particular lenguaje de los prisioneros de esta sensibilidad que domina a veces por sobre la personalidad, así como una esquizofrenia, que se encuentra latente para la cual no existe un remedio que se pueda comprar en una botica normal.
Un grito desgarrador aflora de mis entrañas, lo tengo atrapado en mi y su sufrimiento también.
- ¡¿Qué quieres?!
- Déjame en paz, quiero paz
Mi cuerpo sufre una lucha con el otro, la desesperación me domina y corro al pueblo, mis pies descalzos no sienten las piedras del camino, la sensibilidad de mi piel se ve truncada y poco a poco pierdo la capacidad de reconocerme.
Mi caminar se hace más lento un silencio ensordecedor de las miradas de aquellos seres, murmuran y el volumen va aumentando, no distingo lo que dicen, pero se trata de él.
En una búsqueda incesante de la Abuela Lunia, mi amiga, mi confidente, y sin decirlo por ofender una verdadera bruja, domina todas las esencias, transforma los materiales, modifica los dogmas universales, llega al alma de las personas, las absorbe y las purifica para luego devolverlas sin que el cuerpo note su ausencia, realmente es magnifica.
En un instante de lucidez me encontré con Aloc y su esposa Mani, su verdadero nombre es Zurmani, pero para los amigos siempre es la dulce Mani; ellos sin entender mis ojos desvariados me indicaron que Lunia estaba en el templo.
Sólo a dos cuadras estaba mi única esperanza de quitarme este tremendo dolor que invade mi cuerpo, mi alma, mi todo y que está tratando de eliminarme. Giré tratando de encontrar el rumbo, pero todas las estructuras se doblaban, se movían en un suave vaivén, parecía un temblor en cámara lenta, esos suaves pandeos me envolvían y me relajaron, haciéndome perder el rumbo, y sólo son dos cuadras las que olvidé en ese instante. Sino fuera por Amatista la nieta menor de Lunia, no logro llegar al templo. Frente al albo templo, de pie en un estado de catatonia absoluta, ebria de dolor, grité:
- Luniaaaaa
- Luniaaaaa... ayúdameeee....
Los ojos de Amatista me miraban embobados, tenía sólo siete años y su poder aún no era descubierto, pero ya se sentía diferente, y sin conciencia de ello me dio la mano y me miró profundamente, sentí como si succionaran algo de mi, el amargo sabor que afloraba en mi lengua, las ganas de vomitar todo aquello que me ensuciaba por dentro. El resto de la humanidad es incapaz de comprender este tormento que anida en mi cuerpo y en mi espíritu. Se trata de un territorio ajeno aunque terriblemente cercano, y la fuerza de Amatista, sin ella saberlo, rompió la frontera que separa a la niña de la luz, y en ese momento estábamos cuando Lunia apareció.
Sus conocimientos interrumpieron el trance de la pequeña Amatista sin alterar su esencia y generar algún trauma que impidiera su vuelta a la normalidad.
Sus brazos se abrieron al cielo, las palmas miraban hacia el sol, y una energía se separó de su cuerpo, un campo magnético protector a todo mal. En menos de un minuto el pueblo entero se juntó y nos rodeó. No importa que mil personas normales contemplen, pues este mal mutante es intransferible, solo hay que extraerlo de mi ser y transformarlo en polvo. Este ritual que se está haciendo, que conlleva una mística ancestral de enseñanza y práctica limpia mi ser. Sufro, siento el ardor de mi sangre, que quema mis venas, y calcina cada una de las paredes de mi corazón, que late agónico frente a tal poder.
Lunia pidió ayuda a los seres que miraban estupefactos dicho exorcismo, porque no tiene otra palabra que identifique más lo que se me estaba realizando. Se comenzó murmurando una suave música que todos siguieron sin alterar el ritmo y volumen. Era música para orar. Unas campanadas marcaron el cambio de escenario y nos fuimos a liberar cada uno nuestros mejores sentimientos, moviendo las caderas, relajando el cuerpo, pensando y enviando toda la información a la luz, que en este caso era Lunia, la encargada de llevar por el camino adecuado toda esta energía. Empezaron a ver suspenciones, sutiles levitaciones, se estaba celebrando aquella liberación maligna. La celebración era la mejor arma para eliminar aquello.
Pensé en ti, tus imágenes venían a mi, del pasado recordé todo lo que te amé, y lo sentí, te sentí a ti, y floté en ese lago de tranquilidad me desprendí de todo y me fui en tu busca, me sentí un ser divino capaz de traerte de vuelta a este mundo, no podía creer que estaba en ese lugar que es nada y al mismo tiempo todo, era una oportunidad única, y la verdad es que no sabía que hacer, por donde empezar, no sabía cuanto tiempo estaría ahí y el único fin de ese momento eras tu.
Oí el llamado, pero no quise hacerlo, quise negar mi realidad, y dejarme llevar por esa atmósfera que cortaba mi respiración. Es el limbo me dije, aquí los sueños son realidad y la realidad es un sueño. Olvidé por completo lo que realmente era a priori, salvar mi alma de aquel dolor ajeno.
El enigma de tan exquisito regalo me tenía hipnotizada, aunque no hubiesen palabras, nuestras miradas se fundían y tu sabías quien era yo, entendí que estabas bien, mejor que acá, me regalaste un suspiro para que cuando esto acabara sea nuestro enlace entre mi realidad y tu.
Lunia dio palmadas, primero una, luego dos, y cuando se esperaban las tres, algo le dio aviso de mi situación, muy poco tiempo y pidió que los mortales que ayudaban, susurraran con fuerza el cántico de regreso.
Veo a Lunia, la percibo más cerca que antes, me pide que vuelva, y te miro. Me sonríes y siento que todo esto no existe, de vuelta al recuerdo de ese dolor de las entrañas que me llevó a ti, no quiero volver, pero veo como de la bruma la silueta de un hombre se levanta imponencia.
Un hombre azotado por siete puñales en el vientre, la boca seca y todos los ruidos de su cuerpo tratando de sobrellevar esas largas noches de insomnio provocadas por el cruel asesinato del ladrón de su mujer.
Perdón, fue lo primero que me dijo al mirarme, no quería hacerme daño, pero lamentablemente todo su dolor, como al mismo tiempo sus intenciones fueron transportados a mi cuerpo. Su muerte repentina, no marcada en su destino, rompió el esquema que tenía la vida dispuesta para el y así el dolor que nace al saber la verdad, la venganza, la ira, el aborrecimiento, la desilusión y la terrible idea de no estar vivo ni muerto, generó tanta amargura y opresión que decidió no irse, esperar un cuerpo que pudiera ayudarlo.
Me encontró desolada en la cabaña, dejándome morir, la ausencia de la forma, de ese amor que no alcanzó a conocer lo que era la vida, lo conmovió, y quiso vivir sus sentimientos a través mío. Cual fue su sorpresa al darse cuenta que todo los sentimientos negativos se magnificaron al unirse a los míos.
Un terreno difícil de conocer por aquellos que sólo viven la superficialidad de lo creen vida.
Lunia seguía intentando traerme de regreso, no perdía la esperanza, pero ese profundo hoyo que llegué a conocer tenía su explicación y quería saberlo, nunca había tenido sentimientos tan encontrados, querer llevar mi vida por el camino correcto del conocimiento o poder seguir en el limbo cuidando del único amor eterno.
Nos miramos y nos comprendimos, el usó mi cuerpo para dejar atrás esos sentimientos amargos y por ser el transporte de su libertad, me dio el mejor regalo que me pudiesen dar, saber que está bien.
Lo contó con chispas en los ojos, nunca la había visto así. Confieso que no pude averiguar como terminó la historia, ni como fue su vuelta al mundo de los mortales, porque estaba aquí conmigo y se le veía feliz. El tiempo pasa volando, y aunque no quería, mi invitada a tomar el té tenía que irse, alguien que no pude ver la pasó a buscar. Todavía me pregunto si fue realidad, su té nunca lo tomó y aún seguía caliente...
Necesito un cambio,solo lo supieron un par de personas, y una de ellas estaba en España. Me dijo, vente, yo sin pensarlo dos veces, abrí una cuenta corriente, con la línea de crédito pagué mi pasaje, y esperaba pagar todo con la tarjeta que me habían dado. Solo sentía que tenía que buscar nuevos horizontes.
Junté un par de dólares que la familia siempre está dispuesta a regalar en pos de aportar a la búsqueda de un sueño que ellos alguna vez dejaron escapar.
El vuelo era muy temprano y había que estar dos horas antes, preocupada de eso averigüé todo tipo de traslados, dije que era de Viña del Mar?
Estaba a las 05 de la mañana en la plaza Parroquia, en el paradero de Falabella, donde tenía que pasar el primer bus a Santiago. Muchas despedidas mezclaban la realidad con la imaginación, y mientras mis amigos y yo esperábamos el bus, se abrieron las últimas chelas para celebrar. El tiempo pasaba, y del bus nada, así que pedí prestado unas monedas para llamar. El primer teléfono público que encontré estaba malo y se las tragó, típico de Chile, pensé. Aún no viajaba y ya me sentía afuera. Llamé a un amigo que en su estado de inconciencia me dijo que si, solo tenía que conseguir un chofer para la vuelta.
Llegó rápidamente en su auto, un golf rojo que obligaba a abrir las ventanas dado el estado etílico de mi amigo, el estuvo hasta el final de lo que era mi despedida. La única persona que aperró para traerse el auto de vuelta, no sabía manejar, era todo un caos, porque el pensaba que iba para acompañar. El camino se hizo eterno, la velocidad no importaba, solo quería llegar al aeropuerto antes de que se fuera mi avión. El dueño del auto dormía y entre sueños repetía que si mi aventura iba a ser tal y como estaba comenzando debería llevar más que a un ángel de la guarda, iba a necesitar un regimiento.
Corrimos mucho, el auto quedó abierto al cuidado de un taxista, mi mamá esperaba nerviosa, no alcanzó a nada, solo me dio un papel con un número, y dirección, me dijo que cualquier cosa que necesitara, que fuera ahí de parte suya. Creo que alcancé a darle un abrazo a cada uno y corrí, pasé por policía internacional, me di vuelta con todo el impulso que llevaba, mi pelo tapó un poco mi cara, y me despedí de mi pasado, porque ahora recién comenzaba lo que iba a ser mi futuro.
Una vez que encontré mi asiento, obviamente clase turista, pero según yo atendida como reina, no lo podía creer, aún tenía en mi mano ese papel con dirección y teléfono de Madrid. Por qué mi mamá no le ponía nombre o mejor por qué no me dijo a quien tenía que recurrir, siempre tanto misterio, pero bueno nunca está demás, así que guardé el papel en mi billetera y que sea lo que Dios quiera.
Un frío Madrid esperaba por mi, cuando logré ubicarme en el aeropuerto, confirmar que el inmenso Arturo Merino Benítez no es ni la mitad del de Barajas, y que grandes escaleras mecánicas, planas, sin escalones, movilizaban a la gente me dije estoy en el viejo continente más moderno que he conocido.
El abrazo de quien me esperaba me llenó de calor, sus ojos me abrieron las puertas de España, y yo, sola con mis, pies hice historia.
Cada día descubría cosas nuevas, tomar un café a media mañana mirando la puerta de Alcalá, visitar todos los museos viendo las pinturas que alguna vez me mostraron en diapositivas, descubrir la historia pisando cada adoquín del escorial, las eses pronunciadas de manera sensual, libre de ser.
El sentimiento de libertad que se vive en estos países es maravilloso, nadie te mira, nadie te juzga, todos se ven felices, de tapas por la ciudad, las luces las hacen ver más brillantes.
Cada despertar estaba lleno de emociones, abrazada al ser que amas, en un país de grandes oportunidades, descubriendo cada día algo nuevo, era muy feliz. Fui a Paris, Italia, Alemania, estábamos casi de luna de miel, si me hubiesen propuesto matrimonio habría dicho que si.
De vuelta del paseo a Barcelona estaba limpiando mi billetera, los distintos recuerdos que había sacado de cada bar, museo, hotel, cuando encontré el papel arrugado, era un post it común aunque ya no tenía pegamento, varias veces lo cambié de lugar pero nunca lo boté y nunca me llamó la atención como en ese momento.
Fue como un ritual, lo estiré, lo miré, analicé el número como si me diera alguna pista, la dirección no me sonaba a nada conocido, pensé de quien será y me decidí a llamar.
Antes llamé a Paula para saber si iba al Retiro, nos íbamos a juntar con unos amigos también chilenos, uno era pintor, el otro hacía un postgrado en la complutense.
Me pasé todo tipo de películas, mi mamá, un número y dirección en Madrid eso si que era raro, marqué el teléfono, me contestó una voz, de pija diría yo.
-Centro de atención Mc Kinsey, en que puedo ayudarle?
Creo que fueron los segundos más extraños que he tenido, como nada mi vida entera pasó en muchas fotografías polaroid, pero en blanco y negro, mi estómago se apretó tanto que creí iba a vomitar, me faltó el aire y la voz detrás del fono se alejaba cada vez más
Mi mamá lo sabía, siempre lo supo, y buscó ayuda.
Fue el viaje más liberador de mi vida…
no se como se siente el tiempo, pero hoy estoy segura...
... hoy estoy un poco más vieja...
Estamos hechos de carne y de hueso, hay sangre que corre por nuestras venas y un corazón que no deja de latir. Estamos vivos, respiramos hondo todas las mañanas, y avanzamos día a día, aceptando, creyendo, cambiando formas, intentando ser mejores; y en ese largo camino que dura mucho tiempo, nadie se pregunta hasta cuanto va a soportar mi piel, hasta cuanto soportará mi corazón. Todo el día estamos expuestos a situaciones que provocan dolor, presión, ardor, y nuestro cuerpo se resiente.
Creemos estar inmersos en un sistema despiadado, que si nos ve vulnerables nos ha de atacar más, por eso es que para protegernos de las balas asesinas que esperan ansiosas detonar decidimos ser fuertes, hacer de nuestro cuerpo una coraza blindada, y lo peor de todo es que éste tampoco nos quiere defraudar y va a todas hasta el final, se exige como si fuera inmortal.
Hay veces que el cuerpo no da más, grita por ayuda, se expresa con emoción, la sangre hierve sobre de costumbre, los ojos lloran solos, el retorcer de las entrañas, el eco del latir, un sinnúmero de gemidos de dolor, nuestro cuerpo sufre una eterna agonía y no somos capaces de ayudarlo. Es tan vivo sentir ese grito que enmudece al mundo circundante, un vacío que llena y succiona a las profundidades internas. Creemos estar locos de atar y decidimos abrir los ojos y continuar.
Habrá pieles más duras para comprar?
Habrán transfusiones de sangre para limpiar?
Ojos nuevos para ver?
Un corazón?
Que cuesta hacerse revisar?
Hoy amanecí con la garganta extraña y me puse a llorar…
