...ayer hablé con mi alma mientas apoyaba la cabeza en mi almohada, fue una de esas conversaciones que se permiten por una vez y que hacen que el tiempo se detenga, una charla sobre las verdades más básicas de la vida, hablamos sobre al inmensidad del universo, sobre lo infinito, sobre la incertidumbre de los seres humanos, de la ansiedad que causa el no saber, la frustración… y de ser presos de nosotros mismos.
Me acordé de ti y me permito por única vez desvestirme (no como a ti te gustaría) y dejar por escrito palabras que, a lo mejor, es decir lo más probable negaré para siempre.

Existen personas que invaden los ambientes de una forma extraña y que convierten los momentos en únicos e irrepetibles. Atraen, inquietan, intimidan sin poder evitar caer en la invitación a su fascinación. Hablar de la composición de ese magnetismo etéreo, de un concepto que se me escapa de las manos, es… esa magia que se manifiesta en las personas de manera involuntaria y que de nada sirve inventarla o desearla; la tienes, y así mismo hay personas que la perciben y otras no. El encanto de una mirada o un gesto, la magia que se produce cuando sonríes con los ojos y las manos de un niño hecho hombre peleando por lo que cree justo… cualquier estímulo, sensación que percibo trasciende en un bien único y solitario, porque no viste en mi lo que yo. Es entonces cuando aparecen esos cinco minutos en que se está dispuesta a todo, hay un breve instante de tiempo, lúcido y por ello también cruel, en que se toman decisiones que cambian el rumbo del destino, se plantean esquemas y estructuras y en ocasiones se madura de golpe, aunque eso signifique dejar de ser. Es el momento del análisis frío y objetivo desapasionado en que uno se pregunta ¿porqué? Si he tratado de hacer todo bien, como se debe, a pesar de eso, estoy aquí, metida en un lío del que no quiero salir, que más o menos recuerdo así: “música, vino, penumbra y una atmósfera que cortaba la respiración. Tomo sus besos con el mismo fervor que me entrego a ese aliento, lo que la pasión encendió sin tregua, sin concesiones, sin límite. Sentía como me susurraba bonita y me quebraba la cintura con un abrazo goloso y los cariños que se perdían en las dudas, intentando calmar deseos de incertidumbres. Naufragaba en la tempestad de emociones, mi brújula jugaba engañando a la carta de navegación y no había ningún ancla que me dejara en puerto seguro. No cesaba de repetir en el intento de liberar el alma prisionera que sintiera, “que tocara por oído”, dejarse llevar por el lenguaje de la piel, de los sentimientos que no engañan, aunque mi cerebro, testarudo se empeña en emprender un camino diferente. Se acaban de conocer y ya se saben. Hay mucho olor, ese olor que envuelve a las personas de su franqueza el misterio, de su claridad la inquietud. También había un duende. Se le prendía el pelo y se escondía entre besos, jugando al mírame no me toques, borrando con una pirueta el pasado y el futuro; era el duende que sabe atrapar la magia en un segundo que no pretende tener fin. Ser protagonista de algo que realmente fue especial, y creer que existe fue extraordinario.
No me avergüenzo de lo que hice pero si me pesa ser una más, que te de lo mismo mi sentir y que te rías de ello.
Voy a ir a buscar el futuro más allá de estos espacios donde el presente pierde su voz y su mirada, espero volver con historias de caminos andados, en mis ojos traer el cielo que acompañó mis pasos y en la sonrisa el saber de sueños logrados.
Mientras estés vivo no dejes de marcar presencia avisando graciosa y groseramente tu existencia.